Gracias por dejarme pasar
Hay un lugar y un momento fundamental para pensar la relación entre conductores y peatones. Ese lugar es la esquina en el momento exacto en que un auto dobla y una persona cruza. Son apenas unos segundos pero hay mucho en juego. El auto tenía el semáforo en verde para doblar, la persona tenía el muñequito indicando que cruce, y a pesar de que todos sabemos que el peatón tiene prioridad, la persona se apura, se cuida de que el auto no avance demasiado y hace un gesto. Dice: “gracias por dejarme pasar”, aunque sea su derecho. El mismo derecho que también le pertenece al conductor cuando se convierte en peatón.
Buenos Aires es una ciudad donde lo bueno y lo malo se dispara con mucha rapidez. La gente está acelerada porque el tiempo apremia, o eso parece, o eso se dice. Y en esa vorágine todos quedamos expuestos. La agresión vial replica la escalada de violencia que sentimos en otras áreas de la sociedad, como si se hubiera multiplicado. Ya no tenemos paciencia para que alguien estacione, pero tampoco para que cruce aun cuando el semáforo todavía está en rojo, porque seguramente en breve se pondrá en amarillo. Estar del lado del peatón significa mantenerse alerta con respecto a los otros, pero también en lo que concierne a la propia responsabilidad: caminar escribiendo en el celular o cruzar por la mitad de la calle son situaciones que aportan a la problemática.
En los últimos años se incrementó el número de personas con amaxofobia, el miedo a manejar. Entre las causas se destacan la participación de seres queridos en accidentes y la inseguridad. El auto que al principio representaba un espacio de poder acá se transforma en un espacio temido por los mismos que lo usaban.
¿Qué podemos hacer? La mayoría de la gente piensa que para que cambie el comportamiento y la forma de manejar de los porteños hay ser más severos: aumentar las multas. ¿Pero qué resolvería esto? Sin dudas el rol del Estado debe ser preponderante, aunque creo que además de fiscalizar, el Estado debe incentivar un cambio de hábito más sustentable. Si todos respetáramos las normas de tránsito habría una gran reducción de siniestros. Sin embargo la situación es otra y el respeto un concepto que según parece no significa lo mismo para todos.
José Nésis, médico y psicólogo, explica en la charla TEDx que dio en octubre de 2017 un estudio que evaluó los motivos por los que se cumplen las reglas. Para eso se le preguntó a un grupo determinado por qué lo hacían. La respuesta no habría sido sorprendente si no fuera por lo que siguió: la razón era que los hacía sentir bien. Pero cuando se les preguntó por qué creían que los demás cumplían las reglas, la respuesta fue “por miedo al castigo”. Creemos que es el castigo el que va a hacer cambiar el comportamiento de los demás pero nuestro propio comportamiento cambia en realidad cuando hacemos acciones que nos gratifican por ser acciones de bien, generosas, amables.
Es interesante pensar todo el abanico de creencias y percepciones. Cómo cada uno se ve a sí mismo y cómo ve al otro. Qué es lo que pensamos muchas veces sin siquiera considerar que ese otro puede sentir lo mismo. Que estamos emparentados. A veces nos toca estar de un lado y a veces de la vereda de enfrente. Por eso es importante que cada uno aporte para generar un contexto donde cumplir la ley sea la norma y no una anomalía. Ya lo dicen los chicos cuando suben al auto: “papá, mamá, pónganse el cinturón”.

















